the slavery of MÍA (la esclavitud de MÍA) cap 2

 


Una de las cosas que le gustaba a mía era la auto esclavitud, por lo cual, a partir de su primera aventura, la cual ya tenía más de un año, las cosas habían cambiado mucho con sus padres, pues ella ya tenía los 18 años, por lo cual sus padres la dejaban más tiempo sola, pues ellos trabajan en una aerolínea comercial. por lo que prácticamente estaba viviendo sola.

En las vacaciones de invierno de su último semestre en la preparatoria, sus padres la dejarían sola casi todas las vacaciones, las cuales aprovechó para jugar al self bondage.

Por unas ideas que encontró en Internet, el primer día en el que estuvo sola fue a un armario en el que guardaban cosas viejas y herramienta para tomar la cinta gris de la caja de herramientas de su padre, en la que, por jalar la caja de herramientas, golpeó el estante provocando que se cayera una caja, la cual al caer le pegó en la cabeza. Por el impacto, la caja de cartón se rompió desparramando su contenido en el piso.

Por lo que Mía se quedó en cuclillas, sobándose la cabeza, maldiciendo su suerte, hasta que notó lo que estaba en el suelo, pues eran juguetes bdsm, los cuales eran un collar de acero, unas pinzas con una cadena, un cinturón de castidad, unas esposas cortas y unas largas, una mordaza de bola, unos rollos de cuerda, unas tobilleras y unas muñequeras de cuero.

Al inspeccionarlos, notó que faltaban las llaves, por lo que empezó a buscarlas en el piso, donde notó una bolsita de tela, en la cual al abrirla encontró las llaves y unas especies de ganchos, a los cuales no le dio importancia.

Por lo que alzó todas las cosas que sacó para tomar la caja rota y poner los juguetes en ella e irse a su cuarto en el que una vez entró, empezó a examinarlos más a detalle, pues lo que le llamó la atención era el cinturón de castidad, dado que ella ya tenía un tiempo con la fantasía de tener uno, pues siempre que ha leído o visto películas y series de estilo edad media siempre pensó en que se sentiría ser la princesa a la que dejan encerrada en la castidad contra su voluntad.

Así que se desnudó y tomó las llaves del cinturón de castidad, al ponérselo descubrió que le ajustaba perfectamente como un guante.

Una vez se puso el cinturón, quiso probar el collar, el cual es de acero. Al tratar de abrirlo, se dio cuenta de que la llave era muy pequeña, por lo que sería difícil quitarlo una vez esté cerrado, pero eso no la detuvo de ponerlo. La sensación del metal frío en su cuello le dio un pequeño escalofrío.

Pero lo que hizo que enloqueciera fue el clip al serrar el collar en su cuello, por lo cual le dieron unas ganas de masturbarse. Pero el cinturón impedía cualquier intento de tocarse, por lo cual se quedó con las manos atrapadas entre sus piernas mientras daba pequeños saltos de frustración.

Una vez logró calmarse, fue a ponerse las tobilleras, por lo que se sentó en la cama. Al examinar las tobilleras, vio que tenían un candado en la hebilla, por lo que fue por la llave. Una vez puestas, notó que tenían una cadena de tan solo tres eslabones de separación, pero ya con el candado en su posición, no tenía importancia, pues no las iba a quitar.

Para finalizar, se puso la mordaza de aro y las muñequeras al frente, las cuales eran como las tobilleras, por lo que las cerró con un candado asegurándolas. Ya con todo, quiso ir a verse al espejo, por lo que se puso de pie e intentó caminar, lo que hizo que perdiera el equilibrio y cayera de rodillas.

La caída no le dolió, pero sí aprendió que cuando trajera las tobilleras tenía que caminar despacio y arrastrando los pies.

Por lo que ya con eso se paró y empezó a caminar hacia el baño en el que al ver su imagen sintió mucha vergüenza, pues al verse atada y el hecho de traer la mordaza de aro la hacía no tener control de su propia saliva, por lo que solo aumentó su humillación por la imagen del espejo, lo cual le dio la idea de imitar un vídeo en el que sale una esclava haciendo los quehaceres de la casa.

Por lo que fue hasta donde estaba todo el material de limpieza de la casa, tomó la escoda y dio inicio a la tarea, pero unos momentos después de iniciar imaginó que sus amos le quitaban la escoda y la regañaban por estar de pie cuando debería estar de rodillas como una perra, pues las perras no caminan en dos patas. Por lo que le ordenaron ir de rodillas por una vara, pues se había ganado un castigo, el cual era 10 azotes en el trasero y por cada minuto que pasara en regresar con la vara serían dos azotes más.

Una vez escuchó lo de los azotes, salió gateando a toda prisa, pero al llegar a la sala vio que habían pasado 10 minutos, por lo que la cantidad de azotes sería de 30.

Sin más, le ordenaron ponerse con la cara en el suelo y las manos en medio de las piernas. Una vez adoptó esa posición, le dieron la orden de azotarse a sí misma y contar agradeciendo por el castigo, pues si perdía la cuenta, se reanudaría el castigo.

Sin más, empezó con la tarea doblando la vara como si fuera una catapulta, la cual dirigió a su trasero. En el primer azote lo dio mal, pues le faltó potencia, por lo que la cuenta la subieron a 60 y le advirtieron que, si no los da con fuerza, la cuenta la subirían a 80.

Ya con miedo de que la cuenta subiera, doblo la vara con más fuerza para el primer azote, con el sonido que provocó, sus amos estaban contentos. Así que lo dijo con pena. -uño glacias. al pronunciar lo que le habían ordenado, se sintió humillada, pues por la mordaza de aro no podía hablar, lo que la hizo sentir como un animal.

Zas... bop glacias.

Zas... tles glacias.

Pero al número cuatro, por sorprendente, empezó a sentir placer y dolor.

Así continuó hasta que no pudo evitar gritar de placer en el número 20, pero eso no la detuvo, pues si paraba la cuenta se reiniciaría.

Ya en el número 50 cometió un error, el cual fue que por la excitación tuvo un orgasmo con lágrimas en los ojos, temía lo peor.

Pero le dieron la orden de continuar con los que le faltaban, en los cuales solo podía sentir humillación por lo que pasó. A modo de auto castigo aumentó la fuerza de los azotes, por lo que una vez terminó, soltó la vara y se empezó a sobarse el trasero, pues sentía que no iba a poder sentarse por un rato.

Una vez terminó, se puso de rodillas a la espera del próximo castigo.

Mientras pensaba en una manera de castigarse. No pudo evitar jugar con su lengua, pues por la mordaza de aro su lengua se salía como si fuera un perro, hasta que tuvo una idea. La cual era que sus amos le ordenaron ir por las llaves del cinturón de castidad, pues el castigo por correrse serían 10 azotes, pero en la vagina, para que aprenda a no correrse.

Ya con eso fue hasta su cuarto por las llaves. Una vez en la sala, se quitó el cinturón de castidad y dio inicio a la tarea, por lo que adoptó la misma posición, pero con el trasero más levantado que antes.

Con el primer azote fue suficiente como para que empezara a gritar de dolor.

Para el tercero empezó a sentir placer, pues el dolor era mucho peor que antes.

Pero en el último azote que dio fue por error a su clítoris lo que ocasionó que se orinara y quedara congelada, ni siquiera se movía hasta que el dolor pasó. Fue cuando se acostó en la sala en posición fetal por el cansancio, que se sintió adormilada, por lo que en poco tiempo se quedó dormida en la sala, desnuda y atada en un charco de su propia orina. 


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