oscuro pensamiento cap 1 el deseo

 


Ariana Vellmont tenía veintitrés años, una fortuna imposible de calcular y una vida tan silenciosa que el eco de sus propios pasos la perseguía por los interminables pasillos de su mansión en medio del bosque.

La propiedad Vellmont se alzaba lejos de cualquier ciudad, oculta entre kilómetros de pinos oscuros y caminos cubiertos de niebla. Durante el día, la casa parecía una reliquia elegante olvidada por el tiempo; durante la noche, con sus enormes ventanales iluminados y el bosque golpeado por el viento, parecía más un mausoleo habitado que un hogar.

Y, de cierta forma, lo era.

Desde afuera, cualquiera habría pensado que Ariana lo tenía todo: empresas tecnológicas, inversiones multimillonarias, laboratorios privados y una fama casi mítica entre las élites financieras. Su apellido aparecía constantemente en revistas y noticieros, aunque casi nunca acompañado de fotografías recientes.

Porque Ariana había desaparecido.

Tras la muerte de sus padres dos años atrás, se había aislado del mundo de manera casi absoluta. Las pocas entrevistas que daba eran digitales. Las reuniones importantes ocurrían por videollamada. Nadie entraba a la mansión sin autorización estricta.

Y nadie se quedaba demasiado tiempo.

Los medios construyeron cientos de teorías sobre ella:que estaba enferma,que había perdido la cordura,que vivía aterrorizada,o que simplemente era una excéntrica incapaz de convivir con otros seres humanos.

La verdad era mucho más sencilla.

Ariana no confiaba en nadie.

No después de lo ocurrido con sus padres.

No después de descubrir lo fácil que era para las personas mentir mirando directamente a los ojos.

Por eso, cuando el Proyecto E.V.A. comenzó, lo hizo en absoluto secreto.

Incluso dentro de sus propias empresas, solo cuatro personas conocían realmente el alcance del proyecto. El resto creía que se trataba de investigaciones médicas relacionadas con regeneración celular y enfermedades degenerativas.

La realidad era distinta.

E.V.A. significaba:Enhanced Variant Adaptation.

La culminación de años de estudios clandestinos sobre clonación humana, transferencia neuronal y copia de memoria sintética.

Un ser humano idéntico.

No parecido.

No inspirado.

Idéntico.

No fue sencillo.

Durante dos años enteros, Ariana gastó cantidades absurdas de dinero perfeccionando el proceso. Hubo laboratorios destruidos en incendios sospechosos, científicos comprados por competidores, demandas internacionales y hasta investigaciones gubernamentales por experimentación ilegal.

Más de una vez estuvo a punto de abandonar.

Más de una vez pensó que aquello era una monstruosidad.

Pero cada vez que dudaba, recordaba el vacío de la mansión.

El silencio de las cenas.

Las habitaciones cerradas de sus padres.

Y, sobre todo, el insoportable peso de existir completamente sola.

No buscaba un reemplazo.

No buscaba una hija.

Ni siquiera una asistente.

Buscaba alguien incapaz de traicionarla.

Alguien que supiera exactamente cómo se sentía sin necesidad de explicarlo.

Alguien que fuera ella.

La noche en que todo finalmente llegó a su fin, el bosque estaba cubierto por lluvia.

Las gotas golpeaban los ventanales de la mansión con violencia mientras el viento hacía crujir las ramas de los árboles cercanos. Dentro de la sala principal, Ariana permanecía acurrucada frente a la chimenea bajo una manta gris desgastada por los años.

La misma manta de su infancia.

La única cosa que jamás había permitido reemplazar.

El fuego iluminaba tenuemente su rostro cansado mientras observaba distraídamente las llamas. Sobre la mesa descansaban varias tabletas con informes científicos abiertos, aunque hacía más de veinte minutos que no leía una sola palabra.

Sus piernas temblaban.

Había esperado demasiado por esa noche.

Entonces sonó el timbre del intercomunicador.

El corazón le dio un vuelco tan fuerte que casi dejó caer la taza entre sus manos.

Durante unos segundos permaneció inmóvil.

Después se levantó de golpe.

Sus pies descalzos tocaron la fría cantera del suelo mientras avanzaba apresuradamente por el enorme pasillo hacia el panel de seguridad. La lluvia seguía golpeando el techo cuando activó las cámaras exteriores.

Y entonces lo vio.

Un gigantesco camión negro esperaba frente a la compuerta principal.

Ariana sintió cómo algo se comprimía dentro de su pecho.

Una sonrisa nerviosa apareció lentamente en sus labios.

Finalmente.

Pulsó el botón de acceso.

Las enormes puertas de acero comenzaron a abrirse con un sonido mecánico profundo mientras el camión avanzaba lentamente por el camino de piedra húmeda. Sus luces atravesaban la niebla y los árboles como si algo monstruoso estuviera acercándose a la casa.

Ariana permaneció quieta observando la pantalla.

Ni siquiera notó que estaba jugando nerviosamente con sus dedos.

Después de varios minutos, el vehículo finalmente se detuvo frente a la entrada principal de la mansión.

Tres hombres descendieron sin decir palabra.

Vestían uniformes oscuros sin insignias visibles.

Profesionales privados.

Personas pagadas precisamente para no hacer preguntas.

Ariana abrió la puerta antes de que tocaran.

El aire frío y húmedo entró inmediatamente a la casa.

—Entrega especial para la señorita Vellmont —dijo uno de ellos con voz neutra.

Ella asintió rápidamente y tomó la tableta electrónica para firmar.

Sus manos temblaban.

No por miedo.

Por ansiedad.

Por años había imaginado aquel momento. Había repasado mentalmente cientos de veces cómo reaccionaría.

Y aun así sentía que iba a desmayarse.

Los hombres comenzaron a mover el contenedor principal desde el interior del camión.

Era enorme.

Una estructura metálica blanca y sellada, casi del tamaño de un automóvil pequeño. Las ruedas chirriaban sobre el mármol mientras lo introducían lentamente en la sala principal.

El sonido reverberó por toda la casa.

Nadie habló durante el proceso.

Cuando terminaron, uno de los hombres dejó un pequeño dispositivo electrónico sobre la mesa.

Las instrucciones de activación están ahí. -El sujeto ya fue estabilizado para el despertar.

Sujeto.

Ariana sintió un extraño escalofrío al escuchar esa palabra.

Porque para ella no era un sujeto.

Era…

Ella misma.

Los hombres se marcharon pocos minutos después, y el rugido del camión desapareció lentamente entre la lluvia y los árboles.

Entonces el silencio regresó.

Pesado.

Absoluto.

Ariana giró lentamente hacia la cápsula.

Por un instante, no pudo acercarse.

Todo aquello había sido una idea lejana durante tanto tiempo que verla materializada resultaba aterrador.

Finalmente, dio un paso al frente.

La cápsula era blanca, lisa y perfectamente sellada. Delgados indicadores luminosos parpadeaban en uno de los costados junto a una pequeña pantalla digital.

Su reflejo se deformaba sobre el cristal curvo del centro.

Pero entonces lo vio.

Un rostro dormido.

Su rostro.

Mismo cabello negro cayendo sobre los hombros.

Mismos labios.

La misma pequeña cicatriz sobre la clavícula izquierda.

Ariana retrocedió un paso involuntariamente.

Su respiración se cortó.

Era demasiado exacta.

Demasiado humana.

Durante las últimas semanas había imaginado ese momento una y otra vez. Había creído estar preparada.

Pero ver otra versión idéntica de sí misma durmiendo dentro de aquella cápsula le provocó algo que no experimentaba desde niña.

Nerviosismo puro.

La pantalla lateral emitió un sonido suave.

SUJETO E.V.A. COMPLETO. LISTO PARA ACTIVACIÓN.

Sus dedos temblaron sobre el panel táctil.

Y justo antes de presionar el botón, una última duda cruzó su mente.

¿Y si esto era un error?

No un error científico.

Un error moral.

Porque su clon no era una cáscara vacía.

No era un simple cuerpo cultivado artificialmente.

Era una copia idéntica en recuerdos, edad y personalidad base.

Una conciencia completa.

La única diferencia era que Ariana había autorizado ciertos ajustes psicológicos durante el desarrollo neuronal.

Pequeñas modificaciones.

Mayor seguridad emocional.

Mayor asertividad.

Menor ansiedad social.

La versión de sí misma que siempre deseó ser.

Y quizá eso era lo más egoísta de todo.

No había creado compañía.

Había creado una mejor versión de Ariana Vellmont.

Su mano presionó el botón rojo.

Inmediatamente, una voz robótica llenó la sala.

—PREPARANDO AL SUJETO PARA DESPERTAR. TIEMPO ESTIMADO: SESENTA MINUTOS. RECUERDE MANTENER LA CÁPSULA CERRADA DURANTE TODO EL PROCESO.

El sistema comenzó a emitir suaves pulsaciones luminosas.

Ariana se apartó lentamente, sintiendo el corazón desbocado.

Ya no había vuelta atrás.

Caminó por la sala intentando distraerse, pero era imposible. Cada pocos segundos volvía la mirada hacia el contador descendente.

00:52:11

00:41:03

00:28:44

Los minutos se sintieron eternos.

A veces se reía sola de nervios.

A veces pensaba en apagar todo.

A veces imaginaba cómo sería hablar consigo misma.

Y cada vez que lo hacía, una sensación incómoda aparecía dentro de ella.

Miedo.

Porque si el clon tenía sus recuerdos…

Entonces también recordaría a sus padres.

Recordaría la mansión.

Recordaría su infancia.

Recordaría quién creía ser.

Cuando el contador finalmente marcó los últimos diez segundos, Ariana dejó de respirar casi por completo.

La voz robótica habló nuevamente.

—PROCESO DE ACTIVACIÓN COMPLETADO.

Un fuerte sonido hidráulico llenó la sala.

Vapor blanco comenzó a escapar lentamente desde las uniones metálicas de la cápsula, extendiéndose por el piso de mármol como niebla.

La tapa empezó a elevarse lentamente.

Ariana sintió las piernas débiles.

Y entonces la vio.

La clon permanecía inmóvil dentro de la cápsula, respirando lentamente mientras el vapor rodeaba su cuerpo cubierto por una sencilla bata blanca.

Después de unos segundos, sus dedos se movieron.

Luego abrió los ojos.

Los mismos ojos grises de Ariana.

Parpadeó varias veces observando el techo, confundida.

Después giró lentamente la cabeza alrededor de la habitación.

Y habló con voz adormilada.

—Oh… vaya… estamos en la sala de la casa de papá…

Ariana sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

Lo recordaba.

Todo.

—S-sí… —respondió tartamudeando—. Sí, estamos aquí…

La clon giró el rostro hacia ella.

Y sonrió.

Era extraño.

Ver su propia sonrisa desde afuera resultaba casi perturbador.

—¿Y qué esperas para liberarme? —preguntó con naturalidad—. Aún estoy sujeta.

Ariana reaccionó sobresaltada y se acercó rápidamente para retirar las correas negras que inmovilizaban sus muñecas.

La clon salió lentamente de la cápsula y estiró todo el cuerpo con un suspiro largo.

—Dios… qué sensación tan rara…

Dio un par de pasos descalza sobre la alfombra persa mientras observaba alrededor con curiosidad.

—¿Cuánto tiempo pasó desde la implantación? Recuerdo fragmentos…

—T-tres meses… aproximadamente…

La otra Ariana levantó una ceja inmediatamente.

—Vaya. Sigues jugando con los dedos cuando estás nerviosa.

Ariana apartó las manos de golpe.

La clon soltó una pequeña risa.

—Bueno… supongo que ambas hacemos eso.

El silencio siguiente fue extraño.

Incómodo.

Como mirarse en un espejo que respiraba.

Entonces el clon inclinó ligeramente la cabeza.

—Aunque no exactamente iguales —murmuró.

Ariana tragó saliva.

—¿Lo recuerdas?

—Las modificaciones de personalidad, sí. Algo borroso, pero lo recuerdo.

Su sonrisa creció apenas.

—Querías una versión más funcional de nosotras.

Ariana sintió calor en el rostro.

Escucharlo en voz alta hacía que sonara mucho peor.

La clon comenzó a caminar por la sala observándolo todo con tranquilidad, como si realmente perteneciera allí.

Y, técnicamente, pertenecía.

Conocía aquella casa.

Conocía cada pasillo.

Cada fotografía.

Cada rincón.

Porque todos esos recuerdos también vivían dentro de ella.

—Bueno —dijo finalmente—, dejando de lado la crisis existencial… ¿Hay algo de comer?

Ariana parpadeó confundida.

—¿Qué?

—Comida. Me estoy muriendo de hambre.

—Ah… yo… creo que hay sopa instantánea…

La clon hizo una mueca dramática.

—Increíble. Millonaria, genio de la biotecnología… y aun así incapaz de cocinar.

Ariana bajó la mirada avergonzada.

La otra Ariana la observó unos segundos.

Y entonces sonrió de manera mucho más suave.

—Oh, vamos. No pongas esa cara. Técnicamente, también es mi defecto.

Eso hizo que Ariana levantara lentamente la vista.

La clon se acercó un poco más.

Y fue ahí cuando Ariana entendió algo aterrador.

No se estaba viendo a sí misma.

Estaba viendo a alguien mejor.

Más segura.

Más viva.

Más fuerte.

—Bueno —continuó la clon mientras se acomodaba el cabello húmedo—, al menos dime qué tenemos de la picante con limón.

Ariana asintió rápidamente.

—Sí.

—Perfecto. Entonces prepara algo mientras subo a cambiarme. No pienso seguir usando ropa de hospital.

Y sin esperar respuesta, comenzó a caminar hacia las escaleras con absoluta naturalidad.

Como si siempre hubiera vivido allí.

Ariana se quedó inmóvil observándola subir.

La confianza en sus movimientos.

La facilidad con la que hablaba.

La manera en que ocupaba el espacio sin miedo.

Era todo lo que ella nunca había sido.

Y mientras la veía desaparecer en su camino al segundo piso, Ariana sintió una mezcla imposible de emociones.

Continuara... .. .

Entradas populares